La última llamarada. Cevallos, primer virrey del Río de la Plata
Bartolomé Mitre, acaso el inventor de la Argentina, puso a Pedro de Cevallos en el panteón de los padres de la argentinidad. Después de esa consagración, la historia oficial no se animó a contradecirlo. Salvo Paul Groussac, que motejó al primer virrey de "santurrón, avaro y despótico, amigo de los jesuitas hasta el perjurio y enemigo de otros hasta la difamación". Es cierto que Cevallos trazó un virreinato con el ademán del general que marca un campo de batalla. En el reino que imaginó cabían cuatro países (Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay). Si lo hubieran dejado, habría incorporado también la región brasileña de Rio Grande do Sul. Pero no lo dejaron. Porque la coyuntura histórica en la que vivió era más estrecha que su vasto ideal. Cevallos fue una figura trágica. Fue portador de un paradigma, la Grandeza de España, que no se compadecía con la inevitable decadencia del imperio. Su tragedia fue un error de cronología. Sin embargo, persistió en su pasión de gloria. Esta biografía sigue las peripecias de ese deseo. Lo hace con el rigor del ensayo histórico y, por momentos, con la fascinación de la ficción que ayuda a comprender mejor esta vida espléndida. O mísera, al lector toca decidirlo.
Ficha Técnica

Lugar de edición: Buenos Aires
Año de edición: 01/09/2005
La última llamarada. Cevallos, primer virrey del Río de la Plata
$255,00
Cantidad
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Bartolomé Mitre, acaso el inventor de la Argentina, puso a Pedro de Cevallos en el panteón de los padres de la argentinidad. Después de esa consagración, la historia oficial no se animó a contradecirlo. Salvo Paul Groussac, que motejó al primer virrey de "santurrón, avaro y despótico, amigo de los jesuitas hasta el perjurio y enemigo de otros hasta la difamación". Es cierto que Cevallos trazó un virreinato con el ademán del general que marca un campo de batalla. En el reino que imaginó cabían cuatro países (Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay). Si lo hubieran dejado, habría incorporado también la región brasileña de Rio Grande do Sul. Pero no lo dejaron. Porque la coyuntura histórica en la que vivió era más estrecha que su vasto ideal. Cevallos fue una figura trágica. Fue portador de un paradigma, la Grandeza de España, que no se compadecía con la inevitable decadencia del imperio. Su tragedia fue un error de cronología. Sin embargo, persistió en su pasión de gloria. Esta biografía sigue las peripecias de ese deseo. Lo hace con el rigor del ensayo histórico y, por momentos, con la fascinación de la ficción que ayuda a comprender mejor esta vida espléndida. O mísera, al lector toca decidirlo.
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Lugar de edición: Buenos Aires
Año de edición: 01/09/2005